LOS REYES MAGOS Y LA ESTRELLA DE BELÉN (°)

reyes

A propósito de la celebración de la festividad de los Reyes Magos, en el mundo occidental cristiano, conviene indagar acerca de la verdad detrás de estas tradiciones y leyendas.

La primera y única versión sobre la adoración de los magos a Jesús, se halla en uno solo de los 4 Evangelios, el de Mateo, que en su capítulo 2, versículos 1-12, narra la visita de unos “Magos de Oriente” que, guiados por una Estrella, los llevó a concluir que había nacido, según las Antiguas Escrituras, un nuevo Rey de Judea y se movilizaron para adorarlo.

Este evangelio, atribuido a uno de los antiguos discípulos de Jesús, que originalmente había sido recaudador de impuestos para los romanos, fue escrito en arameo, y del que se conoce sólo la versión griega, compilada unos 35 años después de la muerte de Cristo. Estaba dirigido a los hebreos y ponía el acento en mostrar que Jesús de Nazareth era el Mesías, anunciado en las profecías del Antiguo Testamento.

evangelios

No es extraño que sea el único que introduce este relato, del que no hay, ni pudo haber, testigos, y que obedecía más a una leyenda creada para convencer a los judíos de la divinidad de Jesús, y que requería este tipo narraciones epifánicas; luego, con el paso del tiempo, la Iglesia Católica difundió y le otorgó mayor importancia, con su respectiva celebración litúrgica, para resaltar el carácter divino de Jesús.

En todo caso, en ese único relato no se habla de tres personajes, sino de varios (dos o más), empleando el artículo indefinido “unos”; tampoco se menciona allí que se tratase de monarcas, sino de simples “magos”, término usado también para referirse a los sabios de entonces, en los que se mezclaba el conocimiento científico con el desarrollo místico-espiritual, que era propio de los que estudiaban los fenómenos celestes. Es decir, tales personajes descritos en la leyenda, que pudieron ser extraídos de la realidad de entonces, no eran ni 3, ni reyes, ni magos, propiamente dichos, sino unos sabios astrólogos, venidos de otras tierras.

Los relatos evangélicos, además de transmitir una doctrina, una creencia, y unas enseñanzas provenientes de la vida y mensaje de Jesús de Nazareth, tienen un valor histórico, pues los hechos, reales y simbólicos, allí narrados, se circunscriben a un tiempo y un espacio determinado, lo cual permite, con el auxilio de otras fuentes escritas, determinar el verdadero tiempo en que nació Jesús; y para ello, el episodio de la visita de los “magos de oriente”, contenido en el Evangelio de Mateo, es fundamental.

El que ahora nos refiramos al año 2015 no es sino un convencionalismo social, heredado de la fuerte influencia de la Iglesia Cristiana Occidental, y de la Cultura Europea, en el mundo. Así como los denominados magos probablemente no eran tales, y mucho menos reyes, ni tampoco 3; es improbable que Jesús haya nacido en la medianoche del 24 de diciembre, y que eso fuera 8 días antes de que comenzara el primer año de nuestra Era.

Los relatos evangélicos hablan de un nacimiento en horas nocturnas, en tiempos de un empadronamiento o censo, en la época de la ocupación romana del territorio palestino; de la falta de alojamiento en las cercanías de Belén; y del anuncio a los pastores que cuidaban sus rebaños. La visita de los magos fue posterior, pues el Evangelio indica que ya estaban en su casa de Belén, e incluso podría haber un lapso de hasta dos años, si tomamos en consideración la orden impartida por Herodes.

No es posible que ello ocurriera en pleno invierno, pues ni abundaba el pasto, ni los pastores estaban en las mejores condiciones para realizar tales tareas, bajo ese clima; tampoco el tiempo correspondiente a ese supuesto año 1 coincidía con ninguno de los censos romanos de la época.

La división de la historia de la humanidad en dos períodos, a partir del nacimiento de Jesús, se debe a Dionisio el Exiguo, un monje escita, que a mediados del siglo VI, realizó una serie de cálculos que le permitieron concluir que Jesús habría nacido unos 753 años después de la fundación de la ciudad de Roma, y, por ello estableció, el inicio de la nueva era una semana más tarde, el equivalente al primer día del primer mes del año 754, pasando a constituir éste el primer año de la Era Cristiana (en aquella época no se conocía ni utilizaba el número 0).

roma

Un par de siglos antes, en el año 350, el Papa Julio I habia propuesto la fecha del 25 de diciembre, para ubicarla en tiempos del solsticio de invierno, lo que fue posteriormente decretado por el Papa Liberio, como fecha de celebración del nacimiento de Cristo; de esa manera se mataban dos pájaros de un tiro: por un parte, se sustituía una celebración pagana, la del nacimiento del Sol Invicto, que ocurría con el Solsticio, pues a partir de ese instante, el Sol comenzaba su retorno desde el punto más al Sur del planeta, dirigiéndose hacia el Norte y se presentaba a Jesús como la nueva “luz del mundo”; y por la otra,  se buscaba eludir cualquier persecución hacia los cristianos por celebrar la fiesta de la natividad de Jesús, pudiendo confundirse ésta con las fiestas paganas de las saturnales, que se festejaban durante esa semana, en honor al dios del tiempo (Saturno).

Los evangelios de Mateo y Lucas, dirigidos a públicos diferentes, ubican cronológicamente el nacimiento de Jesús: Mateo dice que eso ocurrió en tiempos del Rey Herodes, y narra la visita de los magos a Herodes, y la orden de este último de matar a todos los niños menores de dos años, que vivieran en Belén y sus alrededores; y Lucas precisa que en ese tiempo el Emperador Augusto (César) había ordenado realizar un censo en todos los territorios bajo el dominio de Roma, aseverando que era el período en que Cirinio gobernaba en Siria.

Por el historiador Josefo se sabe que Herodes murió en la Pascua del año 750; es decir 4 años antes del año 1 (establecido por Dionisio como equivalente al 754 de la fundación de Roma). Por lo tanto, el nacimiento de Cristo tuvo que producirse antes del año 4 a.C., pero como además, Herodes había mandado matar a niños de hasta dos años, se supone que la fecha que suministraron los magos podía ser de hasta dos años previos a su visita.

Se ha determinado que de los tres censos que ordenó Augusto sólo uno de ellos, coincidiría con la fecha de probable nacimiento de Jesús, el establecido en el año 8 a C. (746 de la fundación de Roma); y hay incoherencia en otros datos aportados por Lucas, quien escribió su evangelio para el público no judío, mucho después de la muerte de Cristo, pues los mandatos de Herodes en Jerusalem y Cirineo en Siria, no fueron contemporáneos, asunto menos importante para los lectores griegos y de otras regiones no hebreas.

nacimiento

De lo anterior,  puede concluirse que Jesús debió haber nacido en la época de la primavera (no en invierno) en un lapso comprendido entre los años 8 y 4 a C. Si tomamos en cuenta lo expuesto en el evangelio de Mateo, acerca de los magos-astrónomos-astrólogos, provenientes de Babilonia o Persia, donde había un avance importante en la observación y estudio de los eventos astrales, que ellos venían tras la mejor ubicación para identificar una señal en el cielo que les indicara el nacimiento del Mesías para el pueblo de Israel, lo más probable es más que la aparición de un gran astro, se tratara de una configuración planetaria extraordinaria, cargada de simbolismo.

La denominada Estrella de Belén no podría haber sido una estrella en sentido estricto, sino un astro (planeta, cometa, planetoide o asteroide), pues el orden cósmico es tan perfecto que sería imposible que apareciera de la nada una nueva estrella.

estrella belenLo más parecido a un fenómeno realmente atractivo para aquellos magos sería una conjunción de planetas, en cercanía a la Tierra, que brillaran con mayor intensidad, debido a su posición en el cielo y a la de los otros astros, como la Luna; pero que, además, se relacionara con la simbología de la época para poder establecer su conexión con lo que señalaban las Escrituras acerca del nacimiento del Mesías, Salvador, Liberador y nuevo Rey en la zona de Judea, que además, proviniera de la estirpe de David, como era el caso de Jesús.

En el período anteriormente señalado (del año 8 al año 4 a C.) los dos planetas conocidos, más alejados del Sol, eran Júpiter, el más grande y brillante, que representaba la realeza y el poder benefactor; y Saturno, que simbolizaba el fin y el orden, y era asociado con el pueblo de Israel.

En el año 6 a C. se produjeron tres conjunciones de Júpiter y Saturno en el signo de Piscis, la primera de ellas ocurre el 29 de mayo, luego una segunda, con ambos astros en retrogradación, el 1 de octubre; y una última el 5 de diciembre. Es de hacer notar que el signo de los Peces ha estado asociado siempre al cristianismo.

Por las razones anteriormente indicadas era poco probable que el nacimiento de Jesús hubiera ocurrido a finales de año, y por razones simbólicas sería también improbable que se produjera tan significativa encarnación de Jesús con ambos planetas disminuidos en sus fuerzas, como ocurre en tiempos de retrogradación.

Por todo ello, desde la perspectiva astrológica, la fecha más probable del nacimiento de Cristo fue en la madrugada del 29 de mayo del año 6 a C., cuando además se estaba presentando una Luna Nueva, en los primeros grados de Géminis; ese fenómeno de un cielo sin Luna, favorece el máximo brillo de ambos astros en solitario en la zona oriental del cielo, algunas horas antes de la aparición del Sol. (1)

Este planteamiento, al que hemos llegado por consideración estrictamente astrológica, coincide  con las conclusiones del sabio científico de la psique, Carl Jung, quien en su obra AION, se refiere a este tema y a su simbología, y acoge estos planteamientos realizados por diversos autores que abordaron el tema.

El otro evento astral significativo se produjo el 20 de febrero del año siguiente (5 a C,), que aunque ya Júpiter y Saturno no se encontraban en el mismo grado zodiacal, se mantenían todavía cerca, y Marte se incorporaba en el punto medio entre los dos; sin embargo, en esa época del año esa triple conjunción estaba muy cercana al Sol, y sólo podía observarse poco después del ocaso por occidente, restándole brillo, además de haberse presentado todavía bajo el frío invernal, lo que reduce sus posibilidades.

Toda la leyenda en torno a la visita de los Magos de Oriente al recién nacido Niño Jesús, incluyendo los textos evangélicos, nos permite inferir que el nacimiento de Jesús no se produjo el 25 de diciembre del año 0, y que no hay constancia de la veracidad de que hayan existido esos Tres Reyes Magos que narra la tradición cristiana.

También concluimos que la verdad histórica  se aproxima más al nacimiento de Jesús, en la primavera entre los años 8 y 4 a C., siendo lo más probable la fecha del 29 de mayo del año 6 a C. (año 748 de la fundación de Roma); y que más de un sabio-astrólogo se trasladó hasta Belén para observar la especial conjunción Júpiter-Saturno, interpretándola como una señal del cielo, que se correspondía con los anuncios de antiguas profecías sobre el nacimiento de un personaje importante para el pueblo hebreo.

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El Evangelio de Mateo describe la visita de los magos y la reunión con Herodes, lo cual es indicación de que el momento del nacimiento y el de la visita no es el mismo, por tanto serían dos manifestaciones distintas del mismo fenómeno astronómico: la conjunción Júpiter-Saturno; lo cual nos lleva a pensar que el nacimiento pudo producirse en primavera, el 29 de mayo, con ambos planetas a 20° 55′ de Piscis; y se repitió luego, en otoño, cuando el 5 de diciembre ambos planetas volvieron a estar en conjunción directa en los 15° 50′ del mismo signo de los Peces, que correspondería a la visita y adoración de los magos, seis meses más tarde.

Finalmente, debemos hacer notar que en la reconstrucción y narración de de la vida de personajes como Jesús, no es de extrañar que se mezclen elementos verídicos, sustentados en los hechos históricos, con ideas, leyendas y tradiciones que le otorgan a éstos un carácter sobrenatural y que refuerzan el sentido mítico que se expresa detrás de cada creencia religiosa y que se conecta con los procesos inconscientes de la psique humana.

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(1) – Aunque la conjunción Júpiter-Saturno se produce cada 20 años, para que vuelva a ocurrir en el mismo signo se necesitaría al menos que transcurrieran 60 años; y bajo las condiciones específicas de esa ocasión (Luna Nueva, y visible por el Oriente) muchísimo tiempo más. Motivo de sumo interés para aquellos magos de Oriente.

(°) publicado el 07-01-14

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