2018: PERRO DE TIERRA

 

Al final de la tarde del jueves 15 de febrero comienza el Año Nuevo Chino, en esta oportunidad dedicado al Perro de Tierra, que se prolongará hasta el 4 de febrero del próximo año. En la China milenaria la interpretación y manejo de la energía cósmica se fundamentaba en el poder de la Luna, por lo que se consideraba la segunda lunación del invierno en el norte, como la primera señal de la proximidad de la primavera, y con ella el comienzo de un nuevo ciclo.

La mayoría de las culturas, tal como ocurre con la civilización china, mide el tiempo del movimiento de traslación de la Tierra (año), tomando como punto de referencia los ciclos astrales combinados del Sol y la Luna, por lo que suelen determinar los momentos del Novilunio o Plenilunio más cercanos a los equinoccios para regir sus calendarios.

Para los chinos, la segunda lunación posterior al Solsticio invernal en el norte, constituye el momento culminante de la estación climática de invierno en el hemisferio septentrional, a partir del cual comienza a vislumbrarse la llegada de la primavera, que ocurrirá pasada la tercera y última Luna Nueva de esa fase climática.

El calendario gregoriano, que rige en el mundo occidental cristiano, que se ha extendido como Universal, es una excepción entre los sistemas de medición del tiempo, ya que se basa sólo en el período de 365 días y seis horas, que tarda la Tierra en peregrinar alrededor del Sol.

Nuestro calendario no toma en consideración las fases lunares, sino que establece una fecha fija (primero de enero), once días después del Solsticio, para contabilizar el número de vueltas alrededor del Sol (años), tal como lo impuso la Iglesia Católica Romana en 1582, bajo el pontificado de Gregorio XIII, sustituyendo al antiguo calendario juliano, vigente desde el año 46 aC., decretado por Julio César.

A diferencia de occidente, la combinación de los ciclos lunares y la posición de la Tierra con respecto al Sol (transcurrida la primera mitad de la estación del invierno) es la que determina, en el sistema adoptado por la cultura china y su zona de influencia, el inicio de un nuevo Año.

El año chino comprende un período variable de días, que oscilan entre 352 y 381 (doce o trece lunaciones) y es dedicado a alguno de los doce animales considerados por la tradición. A su vez, cada año se combina la energía atribuida al animal, y su polaridad (masculina o femenina), con la de alguno de los cinco elementos de la naturaleza (madera, fuego, tierra, metal y agua).

Cada doce años (un ciclo de Júpiter) se repite el signo animal y cada diez años se repite el mismo elemento con la polaridad propia (yin o yang) de cada animal. De esa forma, cada sesenta años se repite la relación animal-elemento-polaridad, configurando un ciclo mayor, que abarca cinco ciclos de doce años cada uno.

                                                               ZODÍACO CHINO

A diferencia de la astrología de occidente, que se apoya en el paso solar por cada una de las doce constelaciones, una cada mes, los astrólogos chinos le han otorgado mayor importancia a la energía del año en su conjunto, identificándola con las características atribuidas a alguno de los doce animales que conforman su rueda zodiacal.

Cada uno de los doce animales seleccionados posee un conjunto de cualidades que sirve de patrón para identificar la tónica que prevalecerá a lo largo de todo el año. La mitad de los animales comparten una de las dos polaridades energéticas: yin (femenino, suave, adaptable y pasivo) o yang (masculino, fuerte, impositivo y activo).

A las características propias del respectivo símbolo animal y su polaridad se le suma la de uno de los cinco elementos de la naturaleza (Tierra, Metal, Agua, Madera y Fuego), que son formas en que se expresa la energía. Aunque cada doce años se repitan los mismos rasgos generales del respectivo animal, sólo una de las 60 combinaciones posibles predominará cada año, hasta completar un Gran Ciclo de 60 años.

EL AÑO DEL PERRO DE TIERRA

El Perro es un animal leal, adaptable, observador, realista y persistente. Es inquieto, pero al mismo tiempo, paciente y tolerante. Reaccionan ante los estímulos con mucha reciprocidad: amables y cariñosos cuando reciben un trato acogedor, pero retadores y agresivos cuando se siente amenazados o maltratados.

El elemento Tierra se caracteriza por la precaución, el sentido práctico de la vida, el contacto con la realidad concreta. Capacidad para planificar, sensación de confianza, habilidad para organizar y estructurar. Tendencia a la estabilidad y facilidad para encontrar solución a los problemas. Aspiración a la seguridad, a través del manejo económico y financiero.

Existe mucha afinidad entre el signo del Perro y el elemento Tierra, pues les corresponde una naturaleza similar. Por eso, este año predomina una tendencia a la resolución de problemas prácticos, con sensatez, prudencia, discreción y sentido común. Será un período para solventar los conflictos de vieja data, bien sea a través del acuerdo mutuo o de la confrontación definitiva.

En este período se incrementa la comunicación, el buen humor, la simpatía, la gracia y la docilidad. Se impone un talento especial para buscar más las semejanzas que ahondar en las discrepancias. La audacia y la valentía ayudarán a vencer la timidez, para lograr lo que parecía inalcanzable. Es un año para hacer nuevas amistades y consolidar las existentes.

Las personas nacidas bajo el signo del Perro (1934-46-58-70-82-94 y 2006) están en su año, con aspectos favorables y con posibilidad de resolver asuntos pendientes. El elemento Tierra, facilita la solución práctica de los problemas, y también beneficia a quienes nacieron bajo ese elemento (los años terminados en 8 o 9). La energía dominante es Yang (iniciativa y acción), de provecho para las personas nacidas en años pares, que sintonizan con esa manifestación de la energía.

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