PRIMER NOVILUNIO DEL AÑO ASTRAL

EL PRIMER NOVILUNIO

En la noche del lunes 27, comenzando la última semana de marzo, mes dedicado al antiguo dios de la guerra, se produce el primer Novilunio de la Primavera, en el norte. Es la Luna Nueva de Aries, primer signo de la rueda zodiacal, regido por el planeta Marte, que representa el impulso vital, el entusiasmo y la fuerza para emprender, luchar, conquistar e imponerse.

En esta época del año, el Sol transita por Aries. Es el signo del carnero, un animal adulto, macho, cubierto de lana, de tamaño mediano, caracterizado por su fuerza y arrojo, así como por el par de cuernos que utiliza para luchar y defenderse; especie utilizada para la reproducción y el sacrificio. El carnero es un símbolo de fuerza, de fertilidad, vitalidad y espíritu de lucha.

El recorrido solar por Aries coincide con la celebración religiosa de la Pascua, tanto judía como cristiana. Para el pueblo hebreo representa la conmemoración de la salida de Egipto y su liberación de la esclavitud, narrada en el libro del Éxodo. En el cristianismo es el paso de la muerte a la vida, con la resurrección de Cristo, después de su pasión y muerte; y como consecuencia de ello, la liberación de la esclavitud generada por el pecado.

Existe una sincronía entre la celebración pascual en las manifestaciones religiosas judeocristianas y el paso de la muerte a la vida que representa, en este período anual, la finalización del invierno y la aparición de la primavera. Por eso, el tránsito solar por Aries también se relaciona con los símbolos tradicionales y religiosos como una “transición” hacia la impulsividad vital de la primavera, representada en la imagen del carnero.

Así como el día 15 del mes Nisan (primer mes del año) judío es la celebración de la Pascua y el primer domingo después de la primera Luna Llena post-equinoccial se celebra la Resurrección cristiana, la primera Luna Nueva después del Equinoccio, viene a representar el primer día del nuevo año astral.

Esta última semana de marzo constituye propiamente la primera semana del nuevo año en el hemisferio norte, a pesar de que el calendario solar gregoriano haya impuesto el primero de enero (comenzando el invierno en el norte) como fecha inaugural del año civil. Ahora se integran el ciclo solar de un año con el ciclo lunar de un mes, en esta primera lunación post-equinoccial. Es en este momento cuando la energía planetaria contiene toda la fuerza para comenzar y emprender, al mejor estilo Aries.

Durante esta primera semana del año sideral se produce una elevada concentración de fuerzas astrales en Aries. Hasta cinco de los diez astros principales se hallan en sintonía con el Signo del Carnero: nuestras luminarias –Sol y Luna– transitan en conjunción con Venus Retrógrado, en el primer decanato, y la dupla Mercurio-Urano hace lo propio en el último tramo del signo. Tal cúmulo de corriente cósmica en esa zona zodiacal es indicación del excedente energético de estos días y su proyección a lo largo de todo el año.

A lo largo de toda la semana la Luna Nueva estará conectándose directamente con la mayoría de los planetas que se hallan en la zona, incluyendo a su regente Marte, que ahora pasa por Tauro. Entre el lunes 27 y el jueves 30, nuestro satélite entrará en conjunción sucesivamente con Venus, Sol, Urano, Mercurio y Marte; pero, además, en la noche del martes 28 será parte integrante de una triangulación de alta tensión con la oposición que se ha formado entre Urano y Júpiter, en fuerte tensión con Plutón.

Todos los aspectos planetarios antes descritos son indicadores suficientes de los niveles de intensidad energética que prevalece en los primeros días de la semana, que a su vez, sirven como señal de la forma en que se manifestarán las fuerzas cósmicas a lo largo de todo el año astral.

No es casual que en estas dos primeras jornadas de la semana, en el seno de la Organización de Estados Americanos se lleve a efecto una candente discusión sobre el caso venezolano. Las condiciones astrales de alta concentración de energía ariana son indicio de los niveles de crispación y confrontación que pudieran generarse sobre esa temática, en la sede de ese organismo multilateral continental.

Con el primer Novilunio primaveral de este nuevo año las cartas están echadas. La disposición de los planetas en la esfera sideral, sus flujos energéticos y las conexiones entre ellos, están siendo activadas y repotenciadas con el paso de la Luna por Aries. Los acontecimientos terrenales de esta semana actuarán como una muestra representativa de los sucesos que se irán desenrollando y desarrollando a lo largo de las próximas trece lunaciones.

 

 

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EL NUEVO AÑO ASTRAL

El lunes 20 de marzo, día dedicado a la Luna, ésta se halla en perfecta conjunción con Saturno, transitando por Sagitario, y ambos astros forman un ángulo de 90° con el Sol, que a su vez, se introduce en el primer grado de la esfera zodiacal, que funge como telón de fondo de la interacción planetaria. Así ha comenzado el primer día de esta semana, que es al mismo tiempo, el comienzo de un nuevo año astral.

El Sol ha culminado su paseo anual por el hemisferio sur y ahora se halla equidistante de ambos polos terráqueos. Se ha manifestado el Equinoccio, es decir, el tiempo en que la duración de la noche es igual a la del día, tanto en el norte como en el sur. Es el momento en que comienza el reverdecer primaveral en las latitudes septentrionales, y se activan los vientos otoñales en la región meridional.

Este Equinoccio tiene unas cuantas peculiaridades: en esta parte del mundo ocurre a la misma hora del alba, momento doblemente significativo, pues a la par que el Sol asciende por el este, cruza el espacio superior del ecuador terrestre: coinciden el despertar de un nuevo día y el de un nuevo año.

 

En simultánea con el Equinoccio y la aurora, se inicia la fase Menguante de la Luna, que en ese momento se conjuga con la carga energética de Saturno: dos polaridades que se integran dialécticamente en una sola fuerza. La libre y espontánea expresión emocional que representa nuestro maternal lucero nocturno, junto a la severa restricción transmitida por la imagen paterna del astro de los anillos.

Delante del Sol, a pocos grados, se mantiene la confluencia del mediador Mercurio con la seductora Venus, que viene retrogradando para encontrarse con el Sol, cinco días después. El planeta homónimo de la diosa del Amor iniciará un nuevo ciclo, al fusionarse nuevamente con su fuente de luz y energía, en similares condiciones a como lo hizo hace ocho años (retrogradando y casi en la misma longitud zodiacal).

 

Los planetas Urano y Júpiter se mantienen opuestos en los signos de Aries y Libra, respectivamente, y ambos en ángulo crítico de 90° con Plutón, en el punto medio entre los dos. Se crea así una configuración especial de mucha confrontación entre estos tres lejanos planetas, que sugieren la noción de demolición, ruptura y liberación.

Desde el viernes 24, la Luna menguante, en su persecución del Sol, se convierte en Balsámica, disminuyendo su luminosidad y presencia cada noche, hasta desaparecer totalmente, cuando se junte con él, para originar la primera Luna Nueva post-equinoccial, el primer día de la próxima semana. El carácter sanador de este bálsamo lunar se intensifica al fusionarse con el planetoide Quirón, pocas horas antes de hacerlo con el Sol.

Esta descripción de los más llamativos aspectos planetarios del momento preciso en que nuestro Sol, atraviesa la frontera imaginaria que distingue el norte del sur, y que al mismo tiempo pasa a proyectarse sobre el sector sideral conocido como El Carnero, expresa la dimensión simbólica que caracterizará al nuevo ciclo anual.

Durante esta nueva vuelta que daremos, junto a nuestro planeta, alrededor de la Estrella Central, nos conectaremos con experiencias personales y colectivas asociadas con procesos de terminación (Luna Menguante), que implican confrontación entre la noción de imposición formal (Saturno) y espontaneidad (Luna), en conflicto acentuado por el impulso vital que genera la energía solar en Aries.

La triangulación de fuerzas devastadoras que representa la oposición entre Urano y Júpiter, catalizadas por la condición aniquiladora de Plutón, estimulará la ruptura de un orden y unas estructuras caducas, que ceden como la cáscara del huevo ante el empuje de un nuevo modo de ser y hacer, en las relaciones de poder.

La unión del mediador Mercurio, junto a Venus retrogradando, puede ser indicación de la necesidad de revisar situaciones semejantes del pasado que representaron vivencias afectivas de rápida adaptación a los nuevos tiempos y circunstancias. La integración de la agonizante Luna Balsámica y Quirón, en Piscis, ayudarán a curar, con dolor y sufrimiento, las heridas emocionales que estos procesos de lucha y resistencia hayan podido causar.

Esta manifestación del Equinoccio, como fenómeno geo-astrofísico, llegó cargada de simbolismos: comienza un nuevo año que surge en un nuevo amanecer. Bajo esa imagen y la de los planetas interpretando su propia melodía, se expresa la nueva y extraña primavera terrenal.

EL REGRESO DE VENUS

venus-retroMuchos de los estudiosos de la antigua civilización maya estuvieron elucubrando sobre una supuesta profecía, que indicaba que el mundo tal como lo conocemos, es decir, tal como lo imaginamos, llegaría a su fin el día del solsticio invernal del año gregoriano contado como 2012, desde la pretendida fecha en que, según la Iglesia Católica, nació Jesús de Nazareth.

Los investigadores de la cultura maya concluyeron que según la antigua sabiduría un gran cataclismo acabaría con el mundo el 21 de diciembre de 2012, basados en una posible medición del tiempo transcurrido desde su creación, calculada por los sabios mesoamericanos en un tiempo equivalente al año 3.113 a.C. Para ellos, el Gran Ciclo del tiempo constaría de 5.126 años terrestres, que se cumplirían en la mencionada fecha.

calendario-mayaLa presunta profecía maya del fin del mundo para fines de 2012 era reforzada por un eventual fenómeno astral, conocido como alineación de nuestro planeta con el centro galáctico, capaz de generar tal nivel de alteración en las vibraciones energéticas, que favorecerían una gran catástrofe, y como consecuencia de ello, surgiría una Nueva Era en la historia de la humanidad.

observatorioMás allá de todas esas especulaciones, y su fundamentación lógico-científica, hay pruebas irrefutables del desarrollo intelectual, cultural y espiritual de la civilización maya. La cultura centroamericana alcanzó elevados niveles de conocimiento en las áreas de matemáticas y astronomía, construyendo extraordinarios observatorios y elaborando sofisticados calendarios de gran precisión, que aplicaban en la integración de la vida agrícola, económica, espiritual y religiosa.

Uno de los cuerpos celestes tomado por los mayas como referencia privilegiada para sus medición del tiempo y el espacio, aparte de la Luna y el Sol, fue el planeta Venus, al que también personificaban y atribuían poder espiritual. Se trata del planeta más cercano y parecido a la Tierra. Por esa razón, supera en esplendor, por más de cinco veces, a la estrella más brillante.

mandala-venus                                                Mandala con la órbita de Venus

Aunque la órbita de Venus es más reducida que la de la Tierra y su “año” es más corto que el nuestro, el ciclo sinódico, desde una conjunción inferior con el Sol hasta la siguiente, es de 584 días. Cada cinco ciclos sinódicos, esto es, cada 8 años, se reproduce la conjunción en la misma zona del cielo, constituyendo un ciclo de mayor extensión.

estrella belenVenus, semeja una muy brillante estrella, que surca el cielo cerca del Sol. Cumple con roles significativos: anuncia la llegada del día, cuando aparece por el oriente, poco antes de la aurora; y es preludio del anochecer cuando se muestra por occidente, poco después del crepúsculo. En cada una de esas funciones permanece 260 días continuos. El mismo tiempo requerido para la gestación humana (entre 255 y 265 días), constituyendo también una de las unidades del tiempo maya (20 unidades de 13 días cada una).

El planeta que comparte su nombre con la diosa romana del Amor y la Belleza, y que representa la feminidad, entró en retrogradación el pasado sábado 4 y permanecerá en esa modalidad hasta el venidero 15 de abril. En ese período, Venus se unirá al Sol (25 de marzo), a los pocos días del Equinoccio, culminado el ciclo iniciado el 15 de agosto de 2015, y comenzando el que tendrá vigencia en los siguientes 584 días.

El mismo día de la confluencia de los ciclos sideral y sinódico de Venus, éste se vuelve invisible y modifica su ubicación en el cielo, para reaparecer luego como lucero de la mañana durante los próximos nueve meses. El astro del amor nos deparará esos fenómenos como una sutil indicación de los procesos íntimos que nos corresponde vivir.

En sus seis semanas de retrogradación se altera el significado del planeta Venus. Usualmente representa todo lo que valoramos, su dimensión espiritual, moral y material: los sentimientos, los deseos, el placer, la estética, la seducción, la unión, las posesiones y el dinero.

venusAhora, mientras retrograda, Venus nos brinda la ocasión de re-vivir lo que más nos afecta y valoramos, de re-pensar lo que más queremos y anhelamos, y de re-elaborar nuestras relaciones amorosas hacia los otros y con la vida. También pueden surgir trabas en la expresión de los sentimientos; re-encuentros afectivos, recuerdos, nostalgias y melancolías; penurias o pérdidas económicas; y añoranza por los tiempos idos, de abundancia y placer.

Pocos años después del anunciado fin de mundo, atribuido a los mayas, nos encontramos con la decadencia de los logros civilizatorios y el retroceso en las expresiones del amor y la solidaridad, de épocas pasadas. La retrogradación de Venus nos retorna a lo pudo haber sido y no fue. Nos confronta con nuestros valores y con los que la humanidad resalta. Todo ello como heraldo de un mundo que se acaba y otro que sufre los dolores de parto.

Si deseas ampliar y profundizar el significado de esta retrogradación de Venus 2017, pulsa aquí.