EL NUEVO AÑO ASTRAL

El lunes 20 de marzo, día dedicado a la Luna, ésta se halla en perfecta conjunción con Saturno, transitando por Sagitario, y ambos astros forman un ángulo de 90° con el Sol, que a su vez, se introduce en el primer grado de la esfera zodiacal, que funge como telón de fondo de la interacción planetaria. Así ha comenzado el primer día de esta semana, que es al mismo tiempo, el comienzo de un nuevo año astral.

El Sol ha culminado su paseo anual por el hemisferio sur y ahora se halla equidistante de ambos polos terráqueos. Se ha manifestado el Equinoccio, es decir, el tiempo en que la duración de la noche es igual a la del día, tanto en el norte como en el sur. Es el momento en que comienza el reverdecer primaveral en las latitudes septentrionales, y se activan los vientos otoñales en la región meridional.

Este Equinoccio tiene unas cuantas peculiaridades: en esta parte del mundo ocurre a la misma hora del alba, momento doblemente significativo, pues a la par que el Sol asciende por el este, cruza el espacio superior del ecuador terrestre: coinciden el despertar de un nuevo día y el de un nuevo año.

 

En simultánea con el Equinoccio y la aurora, se inicia la fase Menguante de la Luna, que en ese momento se conjuga con la carga energética de Saturno: dos polaridades que se integran dialécticamente en una sola fuerza. La libre y espontánea expresión emocional que representa nuestro maternal lucero nocturno, junto a la severa restricción transmitida por la imagen paterna del astro de los anillos.

Delante del Sol, a pocos grados, se mantiene la confluencia del mediador Mercurio con la seductora Venus, que viene retrogradando para encontrarse con el Sol, cinco días después. El planeta homónimo de la diosa del Amor iniciará un nuevo ciclo, al fusionarse nuevamente con su fuente de luz y energía, en similares condiciones a como lo hizo hace ocho años (retrogradando y casi en la misma longitud zodiacal).

 

Los planetas Urano y Júpiter se mantienen opuestos en los signos de Aries y Libra, respectivamente, y ambos en ángulo crítico de 90° con Plutón, en el punto medio entre los dos. Se crea así una configuración especial de mucha confrontación entre estos tres lejanos planetas, que sugieren la noción de demolición, ruptura y liberación.

Desde el viernes 24, la Luna menguante, en su persecución del Sol, se convierte en Balsámica, disminuyendo su luminosidad y presencia cada noche, hasta desaparecer totalmente, cuando se junte con él, para originar la primera Luna Nueva post-equinoccial, el primer día de la próxima semana. El carácter sanador de este bálsamo lunar se intensifica al fusionarse con el planetoide Quirón, pocas horas antes de hacerlo con el Sol.

Esta descripción de los más llamativos aspectos planetarios del momento preciso en que nuestro Sol, atraviesa la frontera imaginaria que distingue el norte del sur, y que al mismo tiempo pasa a proyectarse sobre el sector sideral conocido como El Carnero, expresa la dimensión simbólica que caracterizará al nuevo ciclo anual.

Durante esta nueva vuelta que daremos, junto a nuestro planeta, alrededor de la Estrella Central, nos conectaremos con experiencias personales y colectivas asociadas con procesos de terminación (Luna Menguante), que implican confrontación entre la noción de imposición formal (Saturno) y espontaneidad (Luna), en conflicto acentuado por el impulso vital que genera la energía solar en Aries.

La triangulación de fuerzas devastadoras que representa la oposición entre Urano y Júpiter, catalizadas por la condición aniquiladora de Plutón, estimulará la ruptura de un orden y unas estructuras caducas, que ceden como la cáscara del huevo ante el empuje de un nuevo modo de ser y hacer, en las relaciones de poder.

La unión del mediador Mercurio, junto a Venus retrogradando, puede ser indicación de la necesidad de revisar situaciones semejantes del pasado que representaron vivencias afectivas de rápida adaptación a los nuevos tiempos y circunstancias. La integración de la agonizante Luna Balsámica y Quirón, en Piscis, ayudarán a curar, con dolor y sufrimiento, las heridas emocionales que estos procesos de lucha y resistencia hayan podido causar.

Esta manifestación del Equinoccio, como fenómeno geo-astrofísico, llegó cargada de simbolismos: comienza un nuevo año que surge en un nuevo amanecer. Bajo esa imagen y la de los planetas interpretando su propia melodía, se expresa la nueva y extraña primavera terrenal.

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